Mediante la recirculación del agua de su Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR), una empresa de alimentos consiguió abastecer una demanda creciente de agua en su planta de Puebla. El agua que antes se descargaba, ahora regresa al proceso y alimenta las torres de enfriamiento.
El resultado:

La planta redujo sus costos en la factura de agua y operación al evitar la extracción de un volumen adicional. Sus torres de enfriamiento reciben agua con dureza de cero, lo que permitió elevar los ciclos de concentración, operar y proteger los equipos.
El reto: recuperar agua sin afectar la vida útil de los equipos
Una compañía de alimentos y bebidas vio comprometidas sus metas de sustentabilidad al aumentar la demanda de producción y, con ella, la de suministro de agua. Como en la mayoría de las plantas de proceso, ese suministro implica más que solo salirse de sus metas. Cada metro cúbico que se extrae representa mayores costos en el consumo de agua y energía, mayor presupuesto operativo y el reto de no afectar la vida útil de los equipos.
Al revisar dónde se concentraba el consumo de agua, el equipo de ingeniería de la planta identificó a las torres de enfriamiento como puntos clave para implementar un sistema de recuperación.
A partir de ahí, se definieron tres prioridades claras:
- Reducir el consumo de agua fresca.
- Entregar a los equipos agua de mejor calidad que la disponible.
- Aprovechar una fuente que ya se tenía disponible, el efluente de su propia PTAR.
Pero recircular agua a un circuito de enfriamiento solo funciona si esa agua llega con la calidad adecuada, y aquí es donde la dureza se vuelve determinante.
¿Por qué el agua dura es un problema para las torres de enfriamiento?
El agua dura es la que contiene una alta concentración de sales de calcio y magnesio. Dentro de un circuito de enfriamiento, esas sales se depositan sobre las superficies de intercambiadores de calor, tuberías y bombas formando incrustaciones, una capa sólida que actúa como aislante. Con el tiempo, esos depósitos reducen la transferencia de calor, obligan a limpiezas químicas y mecánicas más frecuentes, favorecen la corrosión y aumentan la probabilidad de paros no programados.
Por eso, alimentar la torre con agua de dureza cercana a cero fue el criterio que guió todo el diseño del sistema.
Ingeniería desde cero: del estudio del agua residual al sistema instalado
El proceso comenzó con la caracterización del agua de descarga de la PTAR, midiendo los parámetros relevantes para su recirculación: conductividad, sólidos disueltos totales, dureza, sílice y materia orgánica (DQO), entre otros. Con esta información se diseñó un sistema completo de tratamiento, que integró:
- Filtración, para eliminar sólidos suspendidos y proteger las etapas posteriores.
- Suavización, para reducir la dureza del agua y prevenir incrustaciones.
- Ósmosis inversa, con control de TDS y variador de velocidad, para separar las sales disueltas del agua.
- Desinfección con lámpara UV, para asegurar la calidad microbiológica del agua tratada.

Una vez instalado el sistema, como parte de la solución, en Newcalgon incluimos visitas quincenales, muestreo en distintos puntos del sistema, reportes mensuales y soporte técnico disponible las 24 horas. Esto ha permitido ajustar la operación del sistema de forma continua a partir de datos reales de planta.
El seguimiento continuo es lo que permite ajustar la operación antes de que una desviación se convierta en un paro. Esa es la diferencia entre instalar un sistema y sostener su desempeño.
Desempeño documentado
El sistema arrancó el 31 de enero de 2025 y alcanzó de inmediato sus parámetros de diseño. A partir de esa fecha, Newcalgon ha documentado su desempeño en visitas técnicas de seguimiento a lo largo de 18 meses. con parámetros de calidad consistentes y dentro de rango en cada revisión.
El indicador más directo del proyecto es cuánta agua ha dejado de desecharse para volver a la planta. Entre agosto de 2025 y julio de 2026, el sistema acumuló el tratamiento de 130,824 m³ de agua, recirculada hacia los equipos auxiliares.

Impacto en eficiencia y economía circular
Este proyecto es un caso de economía circular aplicada. En lugar de tratar el efluente de la PTAR únicamente para cumplir con la norma de descarga y desecharlo, la planta lo reincorpora como una segunda fuente de agua para su operación. El impacto se da en tres frentes.
- Eficiencia hídrica. Al extraer y verter menos agua, el proyecto mejora directamente los indicadores hídricos que la planta puede reportar bajo el estándar GRI 303: Agua y Efluentes 2018.
- Protección de los activos. Al recibir agua sin dureza, las torres de enfriamiento y los equipos asociados operan con menor riesgo de incrustación y corrosión, lo que favorece su vida útil y reduce el mantenimiento correctivo derivado de ese desgaste.
- Ahorro económico. Al evitar una extracción adicional, se evitan también los costos asociados a ese volumen extra: la tarifa del agua, los permisos correspondientes y el tratamiento que hubiera requerido antes de entrar al proceso.